Entrevista a Julie Maroh, autora de Skandalon

Julie Maroh, la aclamada autora de El azul es un color cálido, vuelve con una segunda obra radicalmente opuesta a la que la dio a conocer, pero con la misma fuerza y originalidad. En Skandalon profundiza en el auge y caída de un líder de masas, y ha respondido a unas preguntas sobre su trabajo.

La autora habla largo y tendido sobre su trabajo Skandalon, que define como la otra cara de la misma moneda que El azul es un color cálido. «Al llegar a Bruselas en 2003 para dibujar cómics, me di cuenta muy rápido de que me interesaba más contar historias que tratasen problemas sociales, culturales o políticos. Y creo que esos temas pueden tratarse de muchas formas. Se puede transmitir un mensaje social a través de una historia de amor o de una fábula violenta. (...). Comencé a escribir Skandalon en 2008, mientras me encontraba en pleno proceso de creación de Azul, y son como dos caras de la misma moneda…».

Tazane es un líder de masas y provocador nato, además de protagonista de la obra: «Quería hacerlo accesible sin que por ello nos pareciese amable. Seguramente habrá tenido una infancia y una adolescencia como todo el mundo, pero ¿qué hace que un día su camino se aparte de lo ordinario? Si hubiésemos vivido su misma historia, ¿habríamos caído en esa violencia?».

 

Entrevista completa

¿Cuál es el sentido del título de la obra, Skandalon?

Julie Maroh: Skandalon es una palabra griega que significa «piedra con la que se tropieza». Esta noción aparece en las escrituras hebraicas y en el Nuevo Testamento para designar todo aquello que puede empujar a alguien a pecar. René Girard lo identifica como un proceso que desata las rivalidades miméticas en una sociedad. Skandalon es el desorden. El deseo humano no es autónomo, y entre el sujeto y el objeto deseado está el Otro, a la vez un modelo y un obstáculo. Es un triángulo del deseo, basado en el mimetismo, que se vuelve una fuente de conflictos y alienaciones. Y según Girard: «la proliferación de los escándalos, y por lo tanto de las rivalidades miméticas, es lo que produce el desorden y la inestabilidad en la sociedad, pero esa inestabilidad se detiene mediante la resolución del chivo expiatorio, que trae consigo el orden».

Para ilustrar esta idea, tomemos una sociedad en estado de crisis. En medio de todos sus conflictos y desgracias individuales, esta sociedad tratará invariablemente de señalar a una única entidad en su seno como responsable de sus males comunes: el chivo expiatorio. Poco importa que esta «víctima» sea o no culpable. Lo importante es que esa colectividad esté convencida de su derecho, y mediante esa satisfacción, ese sacrificio, se protege de su propia violencia canalizándola «en la dirección correcta». Es un punto de encuentro entre la violencia y lo sagrado, donde el asesinato está legitimado y donde aquel que designa como Satán se transforma en Jesús, ya que restablece el orden mediante su propio sacrificio. Skandalon es, por lo tanto, «alguien» y no «algo».

 

En este álbum reflexiona desde un punto de vista sociológico, especialmente sobre la atracción que nuestra sociedad siente hacia modelos transgresivos. De hecho, la obra comienza con una cita de Claude Levi-Strauss: «La sociedad no prohíbe más que lo que suscita». ¿Por qué ha escogido a una estrella de rock para ilustrar esa idea?

Al comenzar a escribir este relato hace unos años, me di cuenta de que su estructura se entrecruzaba con algunas historias de la mitología grecorromana. Me fijé en las reflexiones de René Girard, que ponía de relieve el hecho de que la crisis sacrificial y el mecanismo de la víctima expiatoria eran el hilo conductor del pensamiento mítico. Y esto es especialmente cierto para los mitos originales donde la muerte de un ser mítico a manos de otros seres míticos se vuelve episodio fundacional del orden cultural. Para que ese orden se mantenga, se crean prohibiciones desde el principio y esas prohibiciones generan a su vez fascinación e incluso transgresiones. Y volvemos de nuevo al deseo mimético. Este personaje, estrella de rock, extraordinario, que ha logrado cierto nivel inmortalidad, es un modelo a gran escala. Su fama es tan grande que su palabra se ha vuelto todopoderosa. Él, por cierto, es consciente de ello y esto produce en él cada vez más asco y violencia.

Escogí esta estrella de rock porque me pareció un buen modo de usar una deidad actual, capaz de recordarnos a las antiguas divinidades y a lo que estaba en juego en el pensamiento mítico. Tanto por lo que dice como por lo que hace, está jugando conscientemente con fuego, tratando en vano de provocar la concienciación de su público, su despertar. Pero este camino solo le lleva hasta el escándalo último en el que las masas pierden completamente la razón.

 

¿Esta fascinación por el escándalo es intemporal?

Es intrínsecamente humana y esencial para la abolición de los desordenes. Es una transgresión de la moral colectiva, una violencia que la sociedad recibe y para detenerla debe usar esa misma violencia. Un círculo vicioso.

La violencia es el equilibrio de la tragedia griega. La tragedia se articula alrededor de la destrucción de un orden cultural, y de los mecanismos que se activan para restablecer ese orden. El mito es una forma de organizar el saber. Es una trama que sirve de ejemplo y de justificación, en la que entra en juego la violencia de la crisis sacrificadora para evitar que se repita. De nuevo según Girard, lo religioso también sigue el mecanismo de la víctima expiatoria, ya que su papel es mantener la violencia fuera de la comunidad.

Para mí la fascinación por el escándalo es igual que la fascinación por la sangre, una fascinación por las simetría conflictual: puro e impuro, que ensucia y que lava, que mata y que revive.

 

¿Tenía algún modelo para el personaje de Tazane?

Lo primero que busqué fue «griego». Una silueta y un perfil como de la antigüedad… En 2010 hice posar a un amigo que tenía esas características. Y a principios de 2011, a la vuelta de un viaje en el que visité los museos berlineses, retomé los lápices para tratar de fijar mejor su perfil, su gesto y la construcción clásica del cabello de las estatuas.

Para su personalidad no tenga ningún modelo pensado, creo que todo pudo influir en su construcción… Primero el hilo conductor de la tragedia que quería escribir, y después algunos acontecimientos políticos, sociales, así como personajes conocidos, de todo tipo y lugar. De hecho, a mediados de 2008, lo que me venía a la mente era el final del libro, como por flashes. Se quedó grabado en mí sin saber a qué atarlo ni qué hacer de él. Poco tiempo después, en un festival de música, alguien a lo lejos, sobre un escenario enorme, se puso a cantar lo que en aquel momento un gran éxito de pop-rock y todo el público empezó a cantar a la vez. Me pregunté cuántas veces habría cantado esa canción aquella persona, si se encontraba allí, comunicándose con su público, o perdida en sus pensamientos. Pensé que quizás podría preguntarse de repente «¿Qué estrofa acabo de cantar?» o «¿Hemos terminado ya?». Fue en ese contexto donde todo comenzó a surgir y a interconectarse, los flashes de imágenes que había visto, lo que estaba viendo en ese instante y la historia sobre Tazane. El pseudónimo en realidad es una especie de anagrama fonético de «Satán».

 

Las reacciones, tanto positivas como negativas, que suscita el cantante tienden siempre al paroxismo. ¿Es eso propio de los ídolos?

Si partimos de la idea de que el deseo mimético nos esclaviza y que el ídolo es un «modelo-obstáculo», diría que sí. Es un objeto de culto que exacerba las pasiones y atrae hacia él una violencia que afecta a toda la colectividad. La figura de Dionisio (que está mezclado con el personaje de Tazane), dios linchado, sacrificado, es un buen ejemplo de chivo expiatorio.

No se deifica por alterar el orden establecido, sino porque devuelve el orden que había alterado. Una ambivalencia más en la que el «bien» y el «mal» no son más que uno.

De lo que no cabe duda es que una purificación —que llamamos catarsis— tiene lugar mediante el sacrificio del ídolo, lo cual sería imposible si las pasiones colectivas no se viesen atraídas por esa purificación. Sí, el escándalo destruye la distancia que hay entre la colectividad y el ídolo, y altera su sacralización… Pero el ídolo sigue siendo sagrado, gracias a la purificación que aporta su sacrificio.

 

Tazane también tiene sus propias dudas existenciales, sus preguntas… A pesar de ese estatus de ídolo casi religioso, ¿quería mostrar que seguía siendo un humano como los demás?

Quería hacerlo accesible sin que por ello nos pareciese amable. Seguramente habrá tenido una infancia y una adolescencia como todo el mundo, pero ¿qué hace que un día su camino se aparte de lo ordinario? Si hubiésemos vivido su misma historia, ¿habríamos caído en esa violencia? Tazane es un espejo de nuestra fantasía de diferenciación individual. Forma parte de esas personalidades que se adulan sin mesura, populares, con un considerable poder sobre los demás, hasta el momento en que…

La historia comienza ahí, justo antes de que se rompa el espejo. Porque, efectivamente, al principio Tazane no era más que una persona como cualquier otra. Sufre una especie de pesadilla de Ícaro, fatal, en la que pierde día a día su propia humanidad.

 

Este es su primer trabajo desde El azul es un color cálido. ¿Cómo hace para pasar de una historia muy íntima y personal a una reflexión más global —y en ocasiones violenta— sobre nuestra sociedad?

No creo que haya un gran salto entre una y otra. Al llegar a Bruselas en 2003 para dibujar cómics, me di cuenta muy rápido de que me interesaba más contar historias que tratasen problemas sociales, culturales o políticos. Y creo que esos temas pueden tratarse de muchas formas. Se puede transmitir un mensaje social a través de una historia de amor o de una fábula violenta. Y esos dos tipos de ficción pueden llegar a una parte muy íntima de nosotros mismos. Desde mi punto de vista, las dos obras van en la misma dirección: se dirigen a todo el mundo —pero individualmente— y evocan un problema social, en el trasfondo, que puede afectarnos. Comencé a escribir Skandalon en 2008, mientras me encontraba en pleno proceso de creación de Azul, y son como dos caras de la misma moneda… Estos dos relatos nos llegan a través de la mirada subjetiva de sus protagonistas (Clémentine y Tazane), en concreto a través de sus monólogos interiores. Y en ambos casos los personajes se enfrentan a las instituciones de la moral.

Me fascina esa zona de tensión entre lo íntimo y lo colectivo, es un tema que seguramente volverá a aparecer en nuevos proyectos que ya he comenzado a escribir.

 

Traducción de Diego Álvarez

Añadir nuevo comentario